• Silvia Felipe

Anexo: El porqué de los zombies (o la extrema sociabilidad de los fóbicos)

Actualizado: 21 ene 2018


La pasada semana escribí un post sobre el porqué de mi predilección por las películas de terror, y lo relacioné con mi estructura. Hoy voy un poco más allá y os traigo un post sobre mi fetiche dentro del género de terror: los zombies. A petición del público, y en especial de mi formador, voy a ofreceros una visión "más allá" de lo que es esta estructura que tantos compartimos: la histeria de angustia o fobia.

 

Como os comentaba en el anterior post, una de las cosas que nos caracteriza a los fóbicos es la angustia y el miedo. Pero si tuviese que decir otra característica llamativa nuestra, elegiría la sociabilidad. A los fóbicos nos encanta la gente, adoramos estar rodeados de personas, somos sociables por naturaleza y hacemos gala de nuestras habilidades para relacionarnos con los otros. Conocemos bien nuestras "armas" para ganarnos al otro: siempre con una sonrisa como carta de presentación, un tono de voz suave, detallistas y halagadores... Gracias a mi terapia, me he dado cuenta de la cantidad de cosas que hago sin darme cuenta, con el único fin de ganarme a la gente. Si me dejas en un lugar repleto de personas que desconozco, siempre encontraré la manera para desenvolverme bien, hablar con el mayor número de personas, y ganarme la confianza de algunas de ellas. La mayoría de fóbicos tenemos estas "herramientas" y las utilizamos de manera más o menos consciente, aunque no deja de ser una forma de manipulación para ganarnos a la otra persona.

 

Pero, de nuevo, esto es tan sólo lo aparente. La realidad es que somos extremadamente conscientes de nuestra necesidad de un otro, de nuestra dependencia de la mirada de un otro. De las tres estructuras neuróticas, los fóbicos somos los más conscientes de que sin la mirada del otro, no se puede existir. Habiendo pasado por el estadio del espejo, y habiendo constituido nuestro yo gracias a la mirada de la madre, parece que los fóbicos estemos continuamente aterrorizados por volver a una fase anterior, y perder ese yo tan frágil que hemos construido a partir de las miradas de los otros. Y aquí es dónde los fóbicos nos equivocamos y caemos en patología: no buscamos la mirada de un otro, intentamos atesorar todas las miradas que podamos, como si eso pudiera inflar nuestro yo y acabar con nuestro sufrimiento emocional. Así como otras estructuras se intentan convencer de que no necesitan a nadie más que a ellos mismos, y que son perfectamente capaces de vivir sin ser amados por alguien (una pareja, un amigo), los fóbicos hacemos el movimiento contrario: intentamos coleccionar personas como si de pokémons se tratara, con los consiguientes desequilibrios en nuestra psique que eso conlleva. Porque, como todos sabemos, mis queridos fóbicos, es imposible gustarle a todo el mundo.

 

¿Qué tiene esto que ver con los zombies? Del mismo modo que ocurre con los sueños, mi amor a los zombies no deja de ser una metáfora con la que mi inconsciente habla. Al ser fóbica y poner tanta energía libidinal en los demás, mi inconsciente (que es conservador y un poco tacaño) no lleva bien ese desgaste psíquico, y compensa a través de mi predilección por los zombies y las películas apocalípticas. En psicoanálisis tenemos una serie de principios por los que se rige nuestra psique, y uno de los que más me gustan - por su utilidad y su claridad al explicárselo al paciente - es el de equilibrio. El equilibrio es la base de la salud mental. Si se produce una descompensación en nuestra psique, aparece el sufrimiento. Si hay un desequilibrio importante, se produce la patología. Y muchas veces, nuestro inconsciente habla para aliviar ese desequilibrio. 

 

En mi caso, al ser una persona tan social en su vida diaria, a mi inconsciente no le quedó otra que compensar por medio de las películas apocalípticas y de zombies. No existe mejor plan para mí que ver una película de zombies en mi casa, o ir al cine a ver la última de Roland Emmerich. ¿Y qué tienen en común este tipo de películas? El derrumbe de la sociedad, la catástrofe, el fin del mundo como nosotros lo conocemos, la extinción de la raza humana. Todo lo que tienen en común estas películas es la desaparición del ser humano, un planeta en el que ya no quedan apenas personas con las que relacionarse... (para que luego me digan que no existe el inconsciente). 

 

Por decirlo de otra manera, mi parte consciente disfruta en una fiesta de cumpleaños, rodeada de amigos, charlando sin parar e interactuando con la gente. En cambio, mi inconsciente es sumamente antisocial en compensación, y necesita de sus dosis de apocalipsis y zombies, para aliviar del desgaste libidinal que supone vivir rodeada de gente. Y así es como mi psique alcanza su equilibrio óptimo.

 

¿Os habéis parado a analizar alguna vez vuestros gustos o aficiones, desde una perspectiva mucho más profunda? Las cosas que nos gustan (y sobre todo, las que no nos gustan) hablan mucho más de lo que pensamos de cómo es nuestro yo consciente e inconsciente, y a veces es interesante pararnos a ver de dónde viene nuestra fascinación por los monstruos, el odio a las películas románticas o la adoración por el anime... (más material para posts futuros). 

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