• Silvia Felipe

El viaje del héroe (o de la transformación tras el análisis)

Actualizado: 21 ene 2018


Buffy Summers, Neo, Frodo Bolsón, Luke Skywalker... Todos ellos son héroes de grandes epopeyas, algunos incluso nuestros ideales del yo por la fortaleza, valentía y honor que nos transmiten. ¿Pero qué tienen en común todos ellos? Cada uno de los protagonistas de estas grandes gestas han pasado por una serie de estadios o fases, una travesía para llegar al momento final en el que consiguen la hazaña encomendada y regresan al hogar como una persona nueva. Esta travesía es conocida como el viaje del héroe, y se ha convertido en la receta infalible que han de seguir escritores y directores para crear una historia épica con éxito. 

 

El viaje del héroe y sus estadios son explicados por Joseph Campbell en su libro "El héroe de las mil caras", y está basado en los conceptos de símbolos y arquetipos propuestos por Jung. Si os gusta el psicoanálisis, os gustará. Si no os gusta el psicoanálisis pero disfrutáis viendo o leyendo una buena historia de aventuras, también os gustará (conclusión: debéis leerlo).

 

Para mí, el héroe al que más admiro y que, por supuesto, se ha convertido en mi ideal del yo (esa figura inalcanzable a la que buscamos parecernos) es una mujer: Buffy Summers. Los que hayáis visto la serie Buffy la cazavampiros entenderéis el porqué. Los que no, voy a intentar hacer un pequeño resumen de las 7 temporadas emitidas en tv (ejem) para mostraros los estadios del viaje del héroe (podéis encontrar una lista de los estadios en Wikipedia aquí).

 

Antes de convertirse en la Cazadora (la elegida), Buffy es una adolescente superficial más, preocupada por los chicos, el maquillaje y el vestido que se pondrá en el baile de graduación. Pero de forma inesperada debe hacer frente a su destino, y madurar a marchas forzadas para aceptar cuál es su misión en el mundo: luchar contra el mal poniendo su vida en riesgo, aunque a ella le apetezca más quedarse en su sofá viendo la tele con Xander y Willow, y comiendo pizza. Como es lógico (porque a nadie en su sano juicio le parecería una buena idea), Buffy reniega de su destino al principio y lo rechaza. Es gracias a la ayuda y consejo de Giles, el Vigilante, que finalmente acepta su destino -aunque no sin reservas - y comienza su lucha contra los demonios (internos, en ocasiones). A partir de entonces, Buffy encuentra en su camino tanto enemigos como aliados (algunos jugarán ambos roles), y ha de pasar por numerosas pruebas, siempre con el fin de salvar el mundo.

 

SPOILERS a partir de aquí...

 

Durante las 7 temporadas de la serie vemos como el personaje de Buffy va superando pruebas cada vez más difíciles y duras, incluso llegando a traspasar el umbral de la muerte como ejemplo de mayor sacrificio por la humanidad. Pero a mí, todas estas pruebas, estas batallas, incluso el hecho de enfrentarse a su propia muerte y pasar por ella, me parecen una minucia comparada a lo que tiene que enfrentarse en uno de los últimos capítulos de la serie (7x19). En este capítulo, todas las personas a las que Buffy quiere y protege le dan la espalda, se ponen en su contra y deciden expulsarla del grupo. Personas a las que ha salvado en varias ocasiones, personas por las que decide dar su propia vida (en varias ocasiones) a cambio de su bienestar. En una escena que me sigue provocando angustia a día de hoy, Buffy deja de ser mirada por sus seres queridos y es repudiada. A lo mejor es porque soy fóbica y tengo esta empatía engañosa, a lo mejor es por la posición de muerto en la que la colocan, seguramente es por la cantidad de fantasmas que afloran en ese momento y por lo que me pueda ver reflejada en ellos, pero para mí es la peor escena de la serie. 

 

Hay una frase de una película bastante buena que me gusta recordarme en mis momentos más bajos: "la noche es más oscura justo antes del amanecer". Para mí, la escena que acabo de comentar supone el momento más oscuro de Buffy en toda la serie, y es sólo entonces, tras pasar ese momento y darse cuenta de que está sola, de que nadie la está mirando, cuando acepta que aún así debe seguir, porque sólo ella puede hacerlo, porque es la elegida, y no por el reconocimiento de sus seres queridos, sino porque es su deber moral. El héroe se convierte en un verdadero héroe tras su momento más bajo, y para alguien como yo, el momento más bajo que puede existir es aquel en el que te das cuenta de tu soledad, y terminas abrazándola. 

 

En mi caso, la terapia ha supuesto una serie de fases que he tenido que ir superando poco a poco, con dificultad y en ocasiones mucho sufrimiento. En un análisis, la verdadera terapia no comienza hasta que has quitado todas esas capas de cosas superficiales, de mecanismos defensivos que has ido creando de forma inconsciente para poder moverte por el mundo. Como un héroe en una epopeya, te es presentada una realidad distinta a la que creías que conocías, y se te ofrece la responsabilidad de aceptarla y actuar en consecuencia. Esta realidad muchas veces no es tanto en cuanto al mundo que te rodea, sino a ti misma, y supone un trauma con la identidad que creías tener. 

 

Aceptar esos aspectos de ti misma que tanto te habías preocupado de esconder, de negar, darte cuenta de los mecanismos que llevas tantos años utilizando y de lo que han generado en tu vida... pero sobre todo, darte cuenta de que la responsabilidad de encontrarte en este punto en tu vida es, en última instancia, únicamente tuya. Llegar hasta aquí y aceptarlo, no es tarea fácil. Pero para eso tienes a tu mentor, a tu vigilante, en este caso a tu analista. Mi analista no tuvo una tarea fácil tampoco: le otorgué la responsabilidad de enseñarme lo peor de mí misma y de quedarse a mi lado mientras yo intentaba aceptar esa oscura parte de mí. No fue agradable para él, y desde luego no lo fue para mí. Fue uno de los momentos más duros que he pasado, y no me he vuelto a sentir tan sola en mi vida. Pero si tienes la paciencia suficiente, si esperas a seguir rasgando esa capa tan gruesa que ya ha empezado a resquebrajarse, lo que descubres debajo merece infinitamente la pena. Y no por los demás, no por el mundo que te rodea, sino por lo que te permite descubrir de ti.

 

Mi travesía por el análisis ha supuesto dejar de caer en autoengaños que sólo fomentaban mi patología, dejar de buscar relaciones que perpetuaban imágenes negativas de mí misma, dejar de buscar a un otro desesperadamente para hacerle responsable de mi felicidad. A día de hoy sigo henchida de agradecimiento por lo que he ganado tras mi momento más oscuro. No sé si es algo que pueda expresarse mediante las palabras, o si es una sensación demasiado etérea como para intentar ponerla por escrito, pero creo que lo único que puedo decir es: ahora soy consciente de mi soledad, soy incompleta e imperfecta, y nadie debe tener la obligación de intentar tapar o llenar esa incompletud que me caracteriza. Sólo a partir de reconocerme como tal, podré encontrar a otro igual de incompleto que yo que quiera recorrer esta travesía conmigo. Y a lo mejor, gracias a mi análisis, yo ya lo he encontrado… ;)

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