• Silvia Felipe

La falta de la Falta (o de los vampiros de Anne Rice)

Actualizado: 21 ene 2018


Antes de los vampiros gusiluz de la saga Crepúsculo (pido disculpas a las sensibilidades heridas con este comienzo), existía una saga de vampiros con tintes góticos creada por la escritora Anne Rice: las Crónicas Vampíricas. Los vampiros de Anne Rice forman parte de una de las sagas más exitosas en lo que a literatura vampírica se refiere, y ya se han adaptado dos películas al cine basándose en sus libros: "Entrevista con el vampiro" y "La reina de los condenados". Los vampiros retratados en esta saga son la idea más parecida a lo que deberían ser los vampiros, al menos para los que somos realmente fans del género: criaturas solitarias y melancólicas, oscuras y crueles, que llevan su inmortalidad como una condena más que como un regalo.

 

"A todo vampiro le llega el momento en el que la idea de la eternidad se convierte en algo... insoportable", dice Lestat al comienzo de "La reina de los condenados" (la adaptación al cine). ¿Qué tiene que ver Lestat el vampiro con el título de este post?, os preguntaréis. Pues bien, hablando con propiedad, Lestat y sus compañeros de la saga vampírica han conseguido, gracias al don oscuro, obturar su falta...

 

En el último post conocimos el concepto lacaniano de la Falta, y acabamos el post reconociendo que todos somos faltantes: gracias a nuestra falta tenemos un lugar en esta existencia, y deseamos sin cesar en una infructuosa búsqueda de aquello que nos complete, aunque seamos conscientes de que nos estamos autoengañando, ya que la falta no se obtura. Pero, ¿y si la falta pudiese ser obturada? ¿Y si realmente fuera posible llenar ese vacío, dejar de ser incompletos, dejar de ser faltantes? Recuerdo cuando, siendo prácticum, acababa de conocer el concepto de la falta y (en un intento de negación por mi parte) pregunté a mi tutor: "¿en qué momento se puede obturar la falta?" Y mi tutor me contestó, muy serio, "en el momento de la muerte".

 

Dejamos de ser faltantes en el momento en el que nuestra existencia acaba. Nos convertimos en seres completos cuando nuestro "billete" para este viaje llega a su fecha límite. Si el ser faltantes es lo que nos permite disfrutar de nuestra existencia, el ser no faltante supone acabar con ella.

 

Hagamos ahora un juego de malabares psicoanalítico, utilizando un concepto tan complejo como el de la falta, y tomando como referencia un personaje del género de terror para alcanzar un entendimiento mayor. Los vampiros son los únicos "monstruos" dentro del género de terror que reflejan de una manera bastante acertada lo que sería vivir siendo no faltante. Alcanzar la inmortalidad, no temer a las enfermedades ni al paso del tiempo, disponer de todo el dinero y las riquezas imaginables... todo eso, ¿para qué?

 

SPOILERS DESDE AQUÍ

 

Lestat de Lioncourt era un joven aristócrata rebelde, lleno de vitalidad, que buscaba con pasión algo para encontrar un sentido a su vida, ya fuera una vocación religiosa, su amistad con Nicolás, o ser un gran actor en un teatro de París. Sin embargo, una vez convertido en vampiro, una vez alcanzada la inmortalidad, quedando congelado en un joven de 20 años que jamás envejecerá, que jamás perderá su belleza ni su juventud, que jamás se enfermará... Con una fuente de riquezas inacabable que le permite conseguir todo aquello que desee... Lestat se convierte en un ser cruel, caprichoso y descreído, que por más que tiene no logra encontrar, y que por más que prueba nuevas formas de saciar su lujurioso apetito, nunca consigue disfrutar.

 

Lestat ha obturado su falta al convertirse en vampiro, y a partir de ahora, por más que se esfuerce en crear nuevos compañeros para su existencia (Louis, Claudia, etcétera), o nuevas formas de reconocimiento (ser actor, ser estrella de rock), nunca va a conseguir que esa molesta sensación de hastío desaparezca. 

 

Imaginad que tenéis todo el dinero que queráis... Algunos me dirán, con una sonrisa de suficiencia en la cara, ¡yo no veo problema en eso! Podríais viajar a todos aquellos lugares del mundo que os gusten, pero, ¿y cuando ya no queden sitios por visitar? ¿Y si ya habéis visto todo, incluso varias veces? ¿y si ya no queda nada por comprar, porque ya lo tenéis todo? ¿Y si ya no queda ningún capricho con el que disfrutar? La cena a base de sushi que os complació tanto el sábado pasado, fue especial porque no la repetís todos los días. El viaje a Tailandia del verano pasado fue una experiencia inolvidable porque la vivisteis por primera vez y porque supuso un esfuerzo previo para poder llevarlo a cabo. Cuando ya lo has vivido todo, cuando ya lo has probado todo, cuando ya nada supone un esfuerzo porque todo está a tu alcance... ¿qué queda por hacer?

 

Lestat, en varias ocasiones, decidió que lo único que le quedaba por hacer era, irónicamente, morir otra vez. Suicidarse para acabar con esa sensación de hastío, de melancolía, de sin sentido. En ocasiones lo intenta de forma deliberada, intentando exponerse al sol. En otras ocasiones, lo hace de forma menos directa, provocando al resto de vampiros para que vayan a por él, para que le demuestren lo que le pueden hacer. Lo que más desea Lestat, después de tenerlo todo, es morir. 

 

Poniéndonos lacanianos de nuevo, "la satisfacción mata el Deseo". Cuando lo tengo todo, dejo de desear. Si dejo de desear, ya no queda nada. Ni siquiera esa inútil búsqueda de algo que me llene, porque ya estoy lleno por completo. Ya no hay vacío, ya no hay necesidad, ya no hay nada que tapar. Y, contra todo pronóstico, cuando ya no hay nada que tapar, llega el final. Si no hay vacío, no hay disfrute. Y si no hay disfrute, el ser humano se marchita. Igual que el vampiro Lestat entregándose al Sol, el hombre se deja morir...

 

Menos mal que nuestra vida está llena de insatisfacción, mis queridos lectores. Menos mal que nunca tenemos suficiente, que siempre podemos buscar un trabajo mejor, un sueldo mayor, un coche más grande, un iphone más nuevo... Menos mal que nunca se agota el deseo y menos mal que existe la castración, porque sería realmente aburrido intentar vivir teniéndolo todo... sobre todo, tiempo. No os creáis a Edwards y Bellas con purpurina. La vida es maravillosa, precisamente porque sabemos que se acaba. Es difícil de asumir, lo sé, pero mientras nos hacemos a la idea, podemos ir disfrutando de más cenas a base de sushi, de más viajes a Tailandia, y ya si lo hacemos acompañados de un otro que nos guste, eso que nos llevamos ;)

 

Este post está dedicado a Gerardo, psicoanalista, mentor, Otro grande y mi personal hilo de Ariadna.

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