• Silvia Felipe

¿Superhéroe o supervillano? (o de identificaciones y proyecciones) Parte II

Actualizado: 21 ene 2018


Qué bien sienta portarse mal, mis queridos neuróticos. Algunas estructuras lo llevamos mejor que otras, por supuesto, pero en general, suele obtenerse un gran alivio cuando nos despojamos momentáneamente de esas obligaciones superyoicas y dejamos a nuestro ello hablar libremente. Pero es un alivio con trampa, porque indudablemente implica un pago que llegará después: la culpa. Tal vez por eso nos resultan tan atractivos los mejores villanos del cine y los cómics, pero no nos adelantemos a los acontecimientos…

 

La semana pasada comenzaron una serie de posts sobre el apasionante mundo de los superhéroes. Y como algunos ya se imaginan, un superhéroe no tiene nada que hacer sin un súper villano que esté a su altura (en ocasiones, que lo supere, incluso). El bueno necesita un malo como contrapunto, un antagonista que le sirva como referencia y como causa. La justicia carece de sentido en un mundo en el que no haya injusticia, y “el bien” no deja de ser un significante más que adquiere todo su valor sólo cuando se le enfrenta al “mal”. Dos extremos de un mismo continuo que si miramos de cerca pueden ser intercambiables. No en vano los mejores malvados son aquellos que nos hacen dudar de nuestro posicionamiento a favor del héroe.


¿Qué es el bien, en realidad? El bien es algo que surge como respuesta a la aparición del mal. Y el mal es algo inherente al ser humano. La necesidad de luchar contra el mal provoca el nacimiento de héroes como Batman, pero el héroe en sí mismo es algo secundario. El bien existe porque existe el mal. Uno precede al otro, del mismo modo que la culpa se adelanta a la acción para evitar que obremos mal, porque la capacidad para hacer daño está presente en todos nosotros, mucho antes de que esa culpa asomara a nuestra psique.

 

Dicho esto, ya empezamos a comprender algo del porqué de esa fascinación hacia los villanos del cine o los cómics. Pero, de nuevo, pongamos cara a estos villanos y comencemos a desgranar su funcionamiento mental…

 

Hay muchos grandes villanos que ha dado el mundo del cómic, y sólo algunos han traspasado el papel para llegar a las enormes pantallas de nuestros cines. Pero para simplificar un poco, en este post solo haré referencia a los villanos presentados en el celuloide, y a lo que se ha dejado ver de sus historias en las películas. No están aquí todos los que son, pero sí que son todos los que están, y con cada uno expondré las razones por las que he querido incluirlos en este post.

 

Si hay un villano por excelencia al que es obligado mencionar en un post como este, ese es Joker. Gotham ha dado grandes villanos en el mundo del cine, pero gracias a la película de Nolan “The Dark Knight” y a la exquisita interpretación de Heath Ledger, el personaje de Joker adquirió una popularidad difícil de superar por otro villano (y si no, que se lo digan al pobre Bane). La sombra de Ledger es tremendamente alargada, y eso que tenía como predecesor al formidable Jack Nicholson (Jared Leto lo va a tener realmente difícil). ¿Qué es lo que hace tan especial al Joker? El Joker es un agente del caos, como él mismo explica en una escena de la película. El Joker es impredecible, no parece que tenga objetivo claro: no quiere dinero, no quiere poder, ni siquiera quiere matar a Batman. Sólo quiere provocar caos allá donde vaya, y demostrar a Batman que en realidad la “locura” no es algo tan ajeno para los ciudadanos de Gotham… “Tú… no puedes vivir sin mí”, le dice a Batman. “Tú me completas”. El Joker, en toda su ¿enajenación? es completamente consciente  de que el mal y la destrucción que él representa son  la razón de ser de alguien como Batman. Joker es como un niño sin ley, un perverso polimorfo con un bidón de gasolina en las manos, y Gotham es su campo de juegos. ¿Por qué atrae tanto una mente trastornada como la de Joker? Tal vez no esté tan loco como queremos creer… El Joker nos seduce y atrapa con esa libertad para actuar bajo ninguna ley y sin ninguna atadura, con esa libertad que sólo existe en la falta de control absoluto, con esa libertad que sólo puede darse en una vida donde impera el caos. El caos verdadero es difícil de sobrellevar para los neuróticos, y la falta de control nos recuerda nuestra propia falta, generando una angustia difícil de soportar. Pero el Joker desafía esa angustia, y se mueve como pez en el agua en su mundo lleno de descontrol. El Joker se regodea con la incertidumbre, y eso es algo muy goloso para el resto de nosotros…

 

Pero no son todos los villanos tan carismáticos como el Joker, ni se alejan tanto de nuestro funcionamiento psíquico como humanos “al uso”. A una escala completamente distinta tendríamos a villanos como Loki. Ay, Loki, cacareando sus fantasmas y complejos a la mínima oportunidad, jugando el papel de víctima para justificar sus más que cuestionables actos, tratando desesperadamente de atraer la mirada de su padre… No ha habido villano más humano que Loki. Puedes amar u odiar a Loki, pero en última instancia, las razones para ambas posturas son las mismas: Loki nos recuerda lo peor de nosotros mismos, y eso es precisamente lo que nos hace humanos (y no dioses como Thor, por ejemplo). Los complejos, la inseguridad y demás fantasmas de la infancia molestan menos cuando se ven en el otro, no en vano uno de los mecanismos de defensa más utilizados es el de la proyección. Loki nos dibuja una sonrisa en la cara porque somos capaces de empatizar con él, incluso de sentir cierta lástima (o superioridad moral, si queréis verlo así) por él. “Los Vengadores” es una gran película gracias, en parte, a su villano, pero no es comparable a “The Dark Knight”. En una película el villano provoca ternura, y en la otra un temeroso respeto…

 

Sigamos con malvados, pero esta vez hablemos de la identificación. Y creo que uno de los villanos (del cine de superhéroes) que provoca más sincera simpatía es una mujer del universo de Batman… la Catwoman interpretada por Michelle Pfeiffer. La historia de Selina Kyle toca la fibra sensible de todos aquellos que en algún momento de sus vidas hayan vivido el abuso por parte de un otro. Una secretaria inhibida y sumisa, con una vida gris y miserable, acostumbrada a ser ninguneada por cualquiera: esa es la historia de Selina. Pero todo cambia al transformarse en Catwoman, y a modo de justicia poética, Selina se convierte en una mujer fuerte que se desprende de toda inocencia e ingenuidad para actuar a sus anchas y vengarse de aquellos que le han hecho de menos en su anterior vida. Catwoman despierta sentimientos de empatía, por su trágica vida, pero también de admiración, por la manera de resurgir y enfrentarse a sus miedos. Catwoman hace lo que a muchos les gustaría hacer pero no se atreven. La mayoría de los villanos tienen esta característica, pero en el caso de Catwoman parece que la justificación moral sea más llevadera, lo que permite con más facilidad la identificación.

 

Por último, tendríamos al villano cuyos motivos para hacer el mal pueden ser casi tan respetables como los del superhéroe para hacer el bien. Estoy hablando del villano tipo Magneto. Magneto, gran amigo de Charles Xavier, parece que comparte el mismo objetivo que su amigo mutante: un mundo en el que los mutantes puedan vivir tranquilos y tengan los mismos derechos que los humanos. Pero Magneto ha vivido la maldad humana en primera persona con el holocausto, y no está dispuesto a dar más oportunidades a unos hombres que ya le han demostrado de lo que son capaces. Es fácil comprender a Magneto y encontrar justificación a sus actos, y tal vez sea el que mejor pone en tela de juicio esos idolatrados conceptos del bien y del mal. Magneto evidencia que tal vez la diferencia entre ambos no es tanta, que tal vez todo es relativo y depende mucho del contexto y la historia personal de cada uno. De ese modo, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos, y se hace difícil elegir bando en esta guerra entre mutantes. Ni siquiera el mismo Magneto parece que tenga claro dicho posicionamiento, puesto que durante la saga de películas (y en los cómics) varía de villano a héroe, ayudando a los X-Men y a su viejo amigo Charles Xavier.

 

Podríamos hablar de tantos otros villanos, que no han aparecido aquí, pero que también han aportado una gran riqueza a la trama protagonizada por el superhéroe de turno. Pero el post se queda corto para hablar de algo que puede estirarse mucho (sobre todo si el tema te apasiona, como es el caso de la que os escribe). Para poner el broche final a este post, podemos resumir con una sola frase aquello que cumplen todos los villanos y que los convierte en personajes de un éxito incluso mayor que sus antagonistas. Los villanos representan algo tremendamente ajeno para nosotros los neuróticos: el cumplimiento del deseo. Dependiendo del villano, en mayor o menor medida, de una forma más inocente o sin ningún tipo de trabas ni florituras, pero al fin y al cabo, eso es lo que todos representan: alcanzar aquello que los demás nos esforzamos tanto (de forma inconsciente) en mantener alejados de nosotros, la satisfacción del deseo. No hay cosa que nos fascine más que ser testigos de cómo alguien puede satisfacer su deseo sin molestia alguna y sin tener que realizar un pago después. Eso es lo que admiramos en secreto, eso es lo que hace que queramos ver si finalmente el Joker triunfa con su plan aunque tenga que llevarse a cientos de personas por delante. “¿Sabes lo que más miedo da? No saber cuál es tu misión en este mundo” confiesa Elijah Price en la escena final de la película “El protegido”. El villano ha encontrado su lugar en el mundo y es a través del cumplimiento del deseo. Así que recordad, mis queridos faltantes, que sublimar es de sabios, y que como dice Bane, el villano es “un demonio necesario”… 

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